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lunes, 7 de abril de 2014

Recomiendan no arrojar a la basura los equipos informáticos en desuso



Si bien no contaminan mientras estén en funcionamiento o almacenados correctamente, tienen un 3% de elementos potencialmente tóxicos y se puede recuperar y reciclar entre un 90 y un 95% de cada equipo





La secretaría General de la Gobernación, a través de la dirección provincial de Sistemas de Información y Tecnologías (DPSIT), recomendó donar o reciclar las computadoras o impresoras en desuso en vez de desecharlas.

“Con las distintas áreas de gobierno y el Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable (OPDS) trabajamos para optimizar diversos mecanismos que ayuden a impedir que los avances tecnológicos y el aceleramiento del consumo de dispositivos electrónicos generen perjuicios a nuestro entorno”, sostuvo el secretario general, Martín Ferré.

Para el funcionario, “también es fundamental que todos los usuarios actuemos con la mayor responsabilidad posible: reciclar o donar los dispositivos que ya no usamos son los pasos a seguir ya que no sólo evita la contaminación ambiental sino que también colabora para achicar la brecha tecnológica”.

“El desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información provoca el recambio constante de artefactos y, con ello, un incremento de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), por lo que es trascendental un trabajo articulado para generar conciencia, lograr la disposición segura de elementos o favorecer la reutilización tecnológica”, completó el subsecretario General, Pablo Pernicone, área de la que depende la DPSIT.

Según precisaron los especialistas de la Dirección, en promedio, los equipos informáticos tienen un 3% de elementos potencialmente tóxicos, como plomo, mercurio, berilio, selenio, cadmio, cromo; sustancias halogenadas y otras ignífugas como el arsénico y el amianto que pueden generar daños ambientales o a la salud de las personas.

No obstante, los técnicos aclararon que los componentes informáticos no contaminan mientras estén en funcionamiento o almacenados correctamente, a la vez que detallaron que se puede recuperar y reciclar entre un 90 y un 95% de cada equipo.

Por esta razón, la DPSIT recomendó no sacar a la calle ni arrojar a la basura monitores, computadoras o impresoras en desuso y, por el contrario, exhortó a los usuarios a llevarlos a centros de reciclado para que estos dispositivos o algunas de sus partes puedan ser reutilizados y donados a instituciones sin fines de lucro o escuelas.

sábado, 12 de octubre de 2013

Cómo Noruega convierte basura en combustible ecológico


Olvídese del carbón, la gasolina, el gas de esquisto (shale gas), incluso de la energía nuclear. La bolsa de la basura llena de desperdicios del hogar se ha convertido en Noruega en una de las fuentes de combustible.

Trate de imaginar el olor cuando pasa el camión de la basura en un caluroso día de verano. Respire por la nariz. ¿Hiede, cierto? Ahora multiplique ese olor por mil.

Eso es lo que se siente dentro de las instalaciones de la planta de recuperación de energía más grande de Noruega, la planta Klemetsrud. Un gran espacio de concreto lleno de basura.

Decenas de miles de toneladas de basura amontonadas. Una banda transportadora que cruje para verter más. Camiones de basura parquean en reverso hacia los enormes vertederos y depositan más bolsas repletas de desperdicios.

Una enorme garra industrial deciente. Sus pinzas recogen una tonelada de basura y la transportan hasta el otro extremo de la sala donde la deja caer. Una nube de polvo blanco se acumula y pronto inunda todo el lugar. No es bueno estar aquí por mucho tiempo.

Aquí es donde los residuos expulsados por millones de hogares de Noruega, el Reino Unido y en otros lugares se convierten en calor y electricidad para la ciudad de Oslo.
Calefacción barata



La planta Klemetsrud que convierte toneladas de basura en energía diariamente es la más grande de Noruega.

La basura es preseleccionada. Todo lo que se puede reciclar ha sido sacado ya. Sin embargo, todavía quedan más de 300.000 toneladas cada año.

Ellos no lo ven como un residuo, lo ven como energía.

"Cuatro toneladas de residuos tienen la misma energía que una tonelada de combustible", dice Pal Mikkelsen, director de la agencia Waste-to-energy -basura para energía, en español-, en Oslo.

"Es una gran cantidad de energía y nosotros usamos muy poca energía para transportarla", agrega.

"Cuatro toneladas de residuos tienen la misma energía que una tonelada de combustible"

Pal Mikkelsen, director de la agencia Waste-to-energy de Noruega.

Mikkelsen asegura que una tonelada de combustible de petróleo podría calentar una casa durante un año y medio. En otras palabras, tome una pequeña parte de la carga máxima de un camión recogedor de basuras británico, cargado en las ciudades de Lees o Bristol. Conviértalo en energía aquí y podrá calentar una casa en Oslo durante medio año.

El proceso es simple. Los residuos, tonelada por tonelada, caen en un incinerador. La temperatura se eleva a 850 grados. Al mirar a través de la ventanilla de cristal endurecido, se ve el fuego arder en color naranja mientras rugen las llamas.
Escuelas más verdes

No todo se quema. Quedan latas viejas y algunos resortes de colchones entre las cenizas y metales –que luego se reciclan-, y mucho calor.

El calor hierve el agua. El vapor impulsa una turbina que produce electricidad. Y el agua hirviendo se canaliza hacia fuera de la planta, a las casas y las escuelas públicas de todo Oslo.

Lo que significa que el gerente técnico de la escuela Bjoernholt Agnar Andersen, ya no tiene que preocuparse más por el suministro de combustible durante el duro invierno noruego.

"No tenemos que pensar en los aceites combustibles o en los combustibles fósiles. Están siendo eliminados de la última escuela este año", dice Andersen.

Con la capacidad completa la planta proveerá de calor y electricidad a todas las escuelas de Oslo y calor a 56.000 hogares.

Es el sueño de todos los ecologistas, debe estar pensando usted, pero no necesariamente, advierte Lars Haltbrekken, del Consejo de Amigos del Este de Noruega.

"La meta primordial desde una perspectiva ambiental debería ser reducir la cantidad de basura, reusar lo que se pueda reusar, reciclar y después, la cuarta opción es quemarla para producir energía.

"Hemos creado sobrecapacidad en las plantas de Noruega y Suecia. Y ahora dependemos de producir más y más basura".



Las ciudades británicas de Leeds y Bristol exportan residuos a Oslo para que los procese. Oslo hace energía a partir de ellos.

Mándenos su basura

Los entusiastas no están de acuerdo. Señalan que, usadas todas las plantas de conversión de basura de energía de Europa, sólo alcanzan a consumir el 5% del total de rellenos sanitarios. Aseguran que Noruega está ayudando a deshacerse de alguna de la basura de la mejor manera posible.

Esto es especialmente cierto en el caso de ciudades como Leeds y Bristol, en Reino Unido. Ambos exportan residuos a Oslo. En lugar de pagar por llevarlos a un vertedero de basura después de que los elementos reciclables han sido retirados, lo que hace es pagarle a Oslo para que se ocupe de ellos.

Así, Oslo recibe dinero por recibir la basura y obtiene además la energía a partir de ella.

La revolución de conversión de residuos en energía también se puede escuchar en las calles de la capital noruega, con el bus número 144. Está alimentado por biogás creado a partir de la materia orgánica en descomposición de la ciudad.

Un kilogramo de residuos de alimentos produce la mitad de un litro de combustible. Con todos los residuos orgánicos que tienen podrían darle energía a 135 buses durante un año entero en Oslo.

Si este proyecto fuera replicado en toda Europa Pal Mikkelsen cree que haría una gran diferencia.

"Significaría conseguir un mejor nivel de autosuficiencia en lo que respecta a la energía. Si se hace correctamente, sería además la recuperación de materiales y una fuerte disminución en los rellenos sanitarios", le dice Mikkelsen a la BBC.

Con los estrictos controles de limpieza de gases productos de la combustión, Oslo cree que convertir basura en energía ayudará a reducir a la mitad las emisiones de carbono en los próximos 20 años, haciendo de la ciudad en una de las ciudades verdes del planeta.